La Patata Tórrida


¿PUEDE HABER EN EL MUNDO ALGO MÁS DESPRECIABLE QUE LA ELOCUENCIA DE UN HOMBRE QUE NO DICE LA VERDAD?
Thomas Carlyle


Arriendo Departamentos en Valparaiso

sábado, 12 de noviembre de 2011

EL EXTRANJERO


Soy un extranjero. Estoy solo entre desconocidos que ni siquiera sé si realmente existen. Caminan a mi alrededor como si yo no les importara, sea para esquivarme, sea para tropezarse insustancialmente conmigo; decididamente ellos me ignoran. Cuando no, me hacen unas muecas que yo soy incapaz de interpretar. Quizá si me quieren sacar de su camino, no lo sé. Pasan por mi lado o se alejan sin que ni siquiera pueda intuir sus destinos, o definir el mero hecho de que van a alguna parte. Como si tuvieran vidas de prestado, pululan sin sentido aparente en las ciudades, apenas sostenidos por una fuerza G que les impide soñar con las estrellas, porque el vacío parece ser su filosofía del estar donde se encuentran. Caminan solos o en grupos, y parece que se anidaran en las estaciones de Metro porque las llenan de inquietante y frío bullir; están allí ensimismados como si existieran como unidades indiferenciadas, aunque pienso que eso no es garantía de que existan, porque los que ya no están, los muertos, también se anidan en estaciones asentadas, las necrópolis detrimentales, donde se resuelven en materia orgánica. Pero estos que transitan a mi lado, a todas luces, y paradojalmente, no viven y no quieren morir, y pareciera que nunca se van a disolver en nada. Los veo caminar por las calles como si transitaran por un circuito cerrado. Siempre están allí. Comen, degluten y se acoplan como si estuvieran obligados a empujar un peñasco montaña arriba, como Sísifo. Ni ellos mismos parecen darse cuenta de que sobreviven y perecen sin cesar. De modo que, no hay vínculos que los comprometan conmigo...
El extranjero, G.Ríos A.,óleo sobre tela 1982 

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